martes, 4 de diciembre de 2018

Ganas de marcharse


La lectura me gusta cada día más, ya sean novelas, ensayos o artículos periodísticos. Mi padre me aconsejaba que leyera "todo lo que cayera en mis manos". Hoy día, ese consejo podría resultar hasta dañino para nuestra salud mental, dada la cantidad y la calidad de todo lo que pasa por delante de nuestros ojos.
No hay que dudar que cualquier lectura, sea del signo que sea, nos deleita más o menos en función del grado de identificación que nos depare. Es tan íntima esa conexión que, a veces, ni nos damos cuenta.
Pues bien, esta es la razón por la que me ha cautivado el artículo de El País Semanal de 18 noviembre del 2018, que lleva por título Cuando conviene marcharse de Javier Marías. Me he identificado con su exposición, desde el principio hasta el final, y recomiendo vivamente su lectura porque no tiene desperdicio.
Ante el mundo que nos rodea, convulso, irracional e idiotizado, a uno le asalta la duda de si es bueno apartarse y esperar pacientemente a que las aguas se remansen y que vuelva el sentido del humor, la racionalidad y la tolerancia. Como dice el autor, que las masas no se dejen manipular por personajes como Putin, Salvini, Ortega, Maduro, Puigdemont y Torra (soy consciente de que me dejo fuera muchos nombres, pero estos son, quizás, los más cercanos y la lista sería interminable).
Y hasta en la conclusión me identifico con este artículo: no, no hay que marcharse. Hay quedarse aquí y convivir con este mundo caótico y desarbolado, intentando aportar nuestro pequeño granito de arena, de la forma que sea, por minúsculo y despreciable que pueda parecernos.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Lideres


La lectura de este sabroso artículo de Manuel Vicent me ha traído a la mente alguna reflexión adicional sobre este asunto:


Y es que cada vez que oigo lo de "las dos Españas" me chirrían las neuronas. Sí, es cierto que hay dos Españas, pero como dice el autor, no son las de derechas o izquierdas que se esfuerzan en mostrarnos los políticos  mediocres y de visión cicatera. Ellos insisten en ello, porque no saben resolver los problemas de la actualidad y tienen que recurrir a la venta de tópicos trasnochados. Habrá sus excepciones... pero pocas. Mientras tanto, la "otra España", la que raramente aparece en los telediarios, trabaja con honestidad, crea, genera riqueza para todos y suele pasar desapercibida. Pero existe, y si no ahí están los magníficos logros de los que nos habla Vicent. 
Para que no cunda el desánimo, os ofrezco mi receta particular: leer capítulos de la historia de España que nos ofrecen muchas oportunidades para estar orgullosos de nuestro pasado, aunque, como sucede en todos los países, están entremezclados con otros en los que predomina el raquitismo de los personajes. Y, sobre todo, para corregir falsas interpretaciones que se divulgan como balsa de aceite. A manera de ejemplo, me entristece ahora ver como descuelgan la estatua de Colon, en California, por tacharlo de autor de masacres con la población indígena, cuando se están llenando aquellas tierras con los indígenas que vienen del sur, porque en aquel estado apenas existen, dado que fueron  mayoritariamente esquilmados por los conquistadores anglosajones
Y a la receta añadimos la justa información de la actualidad, nada de telediarios, cumplir con nuestras obligaciones cívicas, mucha lectura, música y arte, una buena porción de vida familiar, y todo ello debidamente salpimentado con unas buenas dosis de sentido común.

sábado, 17 de noviembre de 2018

María Cristina de Habsburgo


Con motivo de la presentación de un libro sobre esta Reina Madre y Regente, hemos refrescado la biografía de este interesante personaje de la historia de nuestro país. Pieza base en la restauración borbónica, encrucijada puente entre los dos Alfonsos XII y XIII,  que contribuyó a un cierto periodo de equilibrio en la convulsa política, en medio de aquel avispero de partidos y tendencias, que su antecesor Amadeo de Saboya había ya calificado como una jaula de locos.
Como fruto del llamado pacto del Pardo, los dos principales partidos, el conservador de Cánovas y el liberal de Sagasta habían acordado una sabia alternancia en el poder, que fue bien orquestada y entendida por María Cristina, como factor de balance y moderación en medio de una sociedad harta de guerras carlistas y disputas políticas y sociales.
A pesar de su extranjería y un cierto distanciamiento inicial, su dignidad y abnegación y su lealtad y entrega a la misión que le había sido encomendada la fueron haciendo acreedora de un especial cariño popular, reconociendo sus virtudes como gobernadora siempre dentro de los límites de la Constitución de 1876. Los años desde 1885 hasta 1902 fueron tiempos de afortunada regencia, gracias a esta gran Reina. 
Su vinculación con el Real Sitio se manifestó con la creación del Colegio Universitario que lleva su nombre. El día de su entierro en el Panteón Real, en 1929, fue de suma pesadumbre para el pueblo que la había llegado a querer.
Figuras de este porte ejemplaridad en la aceptación de sacrificios personales, en función del cumplimiento de los fines colectivos del país, son siempre vitales en la historia de los pueblos. Por eso la recordamos ahora, sin mediar ninguna particular efemérides, con una modesta mención de agradecimiento.

Más sobre María Cristina:   https://www.youtube.com/watch?v=VMocrE68Q1A

lunes, 3 de septiembre de 2018

31 de agosto 2018



Escucho las voces de los inconformistas, de los que no han sabido encontrar un hueco en la vida y de los contestatarios a ultranza, y todos claman que no les gusta el mundo y que quisieran “pararlo para apearse”

A mí siempre me ha gustado la vida. Yo, ahora, lo que quisiera es parar el reloj o que, al menos, fuera más lento, porque creo que me estoy dejando muchos asuntos en la cesta de “Pendiente”. Cosas para aprender y para disfrutar. Y, en definitiva, para vivir

Para disfrutar de una puesta de sol no es necesario que se pare el sol. Simplemente que continúe su lento descenso. No sería tan hermoso el espectáculo si fuera más deprisa. En cada atardecer hay el tiempo necesario para la contemplación y para la meditación. Es la secuencia perfecta, producto de la naturaleza y de su Creador que la dotó del ritmo perfecto.

No me metáis prisa. Yo estoy en el atardecer y no quisiera gastar esfuerzos vanos que me hagan perderme la belleza de lo que me rodea. Quisiera ir a la velocidad del sol crepuscular y quisiera saborear al máximo su lento declinar, la pureza del aire que lo envuelve y las caprichosas formas de las nubes.

El tiempo pasado me ha hecho valorar el tiempo presente y, más todavía, el tiempo futuro. En una pintada en las calles de Lugo se dice:

Somos el tiempo que nos queda.”

Y en ese tiempo es obligado hacer balance. Y hemos de ser extremadamente prudentes cuando miramos hacia atrás. Mirar sin prejuicios y sin demasiado puntillismo, pues cosas buenas y malas las ha habido en cualquier parcela del pasado. Nada de juicios estrictos, que ya habrá quien los haga. Al cabo del tiempo son las impresiones las que perduran. Lo que importa es la honestidad de aquella actitud o de aquella acción y eso es con lo que tenemos que vivir hoy.

Hubo responsabilidades casi agobiantes. Reconozco que la tarea de ser padre es difícil y arriesgada. Si fracasas en ella, fracasas en la vida. Te lo juegas todo. Pero las compensaciones son inigualables; cuando tras un desaire, un hijo te coge la mano, eso es impagable.

Yo repetiría la mujer que tengo y los hijos que tengo… y, que decir de los nietos. Y, luego, los amigos que no pueden faltar, siempre están ahí cuando los necesitas. Y, sobre todo, los amigos que tuve…

Venga lo que venga, quiero que me pille así, sin grandes culpas, con decencia y con cierta dignidad.

Yo he amado mucho, pero también me han correspondido, y por eso soy feliz. Y aun creo que me queda tiempo para amar más y para seguir siendo feliz.

Esta es la clave, y no hay más.



martes, 22 de mayo de 2018

Hastío



El detonante para que esta carta se escribiera a primeros de julio fue un chiste del  añorado Forges. Luego la envié a El País y después la he ido he ido puliendo.
Lo que sigue son solo algunas reflexiones personales, producto del hastío que en mí producen desde hace ya tiempo las reiteradas manifestaciones de los arrogantes independentistas catalanes. Hastío que, al cabo de años, se ha convertido en repugnancia, tan solo compensada por el afecto que tengo a los mas de tres millones de catalanes que quieren seguir siendo españoles.
Yo, personalmente, en esta historia tan sólo veo el mercantilismo del hermano rico que ya no quiere compartir mesa con el hermano pobre. Creo que esto comenzó cuando el “honorable” Pujol declaró que el resto de los españoles éramos unos “paletos”. Sí, probablemente, desde el punto de vista económico, puede que seamos más pobres, pero eso no es todo en la vida, porque la historia es la historia y lo cierto es que llevamos 500 años juntos, en los que España ya incluía Aragón que, a su vez, incluía a Cataluña. No falsear la historia es la cabecera de cualquier mínimo código etico.
Y hablando de economía, pienso que en la actualidad pretender pasar de cola de ratón a cabeza de león puede ser, sencillamente, una temeridad, cuando hay varios leones más gordos que están esperando a devorarnos a todos. A los políticos cortoplacistas les diría que deben explicar a la ciudadanía en primer lugar, cómo van a organizar esa utópica y pluscuamperfecta república catalana, cosa que hasta ahora no han hecho, quizás porque lo ignoran o quizás para no levantar el desaliento entre sus enfebrecidos votantes.
Si a los Puigdemont y Cia os molesta verdaderamente compartir con el resto de los españoles vuestra riqueza material y cultural, que nadie os discute, por favor hacerlo con elegancia, sin hipocresía, sin engaños, sin querer cambiar de un plumazo la historia que nos ha traído juntos hasta aquí. Sin ocultamientos maniobreros y sin alterar las reglas de juego que todos votamos y aceptamos. Es decir, con un mínimo de decencia y respeto, exento de fanatismo irresponsable. 
A toda la clase política hay que exigirle, entre otras cosas, saber prever y adelantarse a los acontecimientos. Pues bien, alguien ha pensado en el infierno que se abriría al dia siguiente de esa hipotética separación? En los revanchismos, luchas fraternales, recelos y enemistades que brotarían como hongos en un bosque otoñal.
Aquí, durante años, se lleva sembrando el odio y fomentando las diferencias identitárias.¿Hay alguien que haya visto por las calles o pueblos del resto de España algún visitante catalán en los últimos años? Pocos o ninguno. Eso puede obedecer tan solo, creo yo, a que se hayan dado algunas sugerencias colectivas para que no se visite a los hermanos "paletos" y "ladrones" . La opinión, como siempre, la tiene el lector. 
Eso se llama forzar distanciamientos con malas artes, con torticeros medios promovidos sibilinamente por las instancias políticas. Esta es la realidad a la que tenemos que enfrentarnos por culpa de los sucesivos gobiernos separatistas y las indiferencias y errores que hayan podido cometer los respectivos gobiernos centrales. 
Los vociferantes despliegan sus senyeras, ante las sonrisas complacidas del gobierno de la Generalidad, por cierto extraña mezcolanza de conservadores, izquierdistas y ácratas. Sonríen complacientes sin escuchar las voces calladas de los catalanes que no asisten las manifestaciones. Ellos, que  han sido eficaces en propiciar la discordia, no se si podrán juntar los trozos del jarrón quebrado, antes de evitar el descalabro.
Porque de seguir por este camino, iremos al descalabro y me aburriréis cada día un poco más y cada día estaré un poco más orgulloso de que me llaméis españolista.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Duelo a garrotazos



En IDEAS del 11 de marzo 2018 se trata lúcidamente el asunto de las luchas fratricidas que han desangrado la humanidad desde sus orígenes hasta nuestros días. Y, cómo no, como inefable soporte gráfico, se acude al conocido óleo del inmortal Goya, Duelo a garrotazos.
Siempre se han dado miles de explicaciones a este esclarecedor lienzo. Yo creo que el barrizal que impide moverse a los dos contrincantes es, simplemente, el fanatismo que los ancla al suelo, optando ambos por destruirse a palos antes de razonar y analizar los “por qués” de cada uno de ellos.  
Muy relacionado con este asunto del fanatismo, unas páginas después, el escritor israelí Amos Oz cuenta esta graciosa anécdota que transcribimos:

Cuando yo era pequeño, mi abuela Shlomit me explicó cuál era la diferencia entre un judío y un cristiano: Los cristianos -decía mi abuela- creen que el Mesías ya estuvo aquí­, y que algún día volverá. Y nosotros, los judíos, creemos que el Mesías no ha venido, pero que vendrá algún día. Esta discrepancia -reflexionaba mi abuela en voz alta- ha traído al mundo tanto odio y tanta ira, persecución de judíos, Inquisición, pogromos, genocidios. Pero ¿por qué? ¿por qué sencillamente no nos ponemos todos de acuerdo, judíos y cristianos, en aguardar con paciencia a ver lo que ocurre? Si el Mesías llega un día y dice: "Hace mucho que no nos vemos, me alegro mucho de volver a veros", los judíos tendrán que reconocer su error.
Pero si, al llegar, el Mesías dice: "How do you do? Encantado de conoceros" el mundo cristiano en su totalidad tendrá que disculparse ante los judíos. Hasta entonces- concluía mi abuela-, hasta la llegada del Mesías, ¿por qué no podemos sencillamente vivir y dejar vivir a los demás?”

Yo, personalmente, siempre he creído que las barbaridades suelen ir engañosamente arropadas por peligrosos compañeros de viaje, étnicos, religiosos, económicos, políticos y sociales que dificultan, desde un punto de rigurosa historicidad, el análisis objetivo de cada caso
Pero, aún así, la abuela de Amos Oz tenía razón.


domingo, 1 de octubre de 2017

España tiene más de 500 años

1   
Cuando rebuscamos en el baúl de la historia algunas de las primeras referencias a nuestro país, Hispania, nos solemos encontrar con los De laude Spaniae escritos por San Isidoro en su obra De origine Gothorum, que data del año 624.
Son los más conocidos y, quizás, los más antiguos, pero no son los únicos, pues Alfonso X el Sabio en su Estoria de España de 1254, conocida en la edición de Menéndez Pidal como Primera Crónica General, ya escrita en romance, se repiten las laudes. Este es un breve apunte:

Porque desde que los godos anduvieron por las tierras de la una y de la otra parte con guerras y por batallas y conquistando muchos lugares en las provincias de Asia et de Europa, así probando muchas moradas en cada lugar y escogiendo entre todas las tierras la más provechosa lugar, encontraron que España era la mejor de todas, y lo apreciaron más que a ninguno de los otros, porque entre todas las tierras del mundo España posee un abundamiento y bondad más que ninguna otra (...) España sobre todas es ingeniosa, atrevida y muy esforzada en lid, ligera en afán, leal al señor, afincada en estudio, generosa en palabra, cumplida de todo bien; no hay tierra en el mundo que la semeje en abundancia, ni se iguale ninguna a ella en fortalezas et pocas ha en el mundo tan grandes como ella. España sobre todas es adelantada en grandeza y más que todas preciada por su lealtad.

     
     Esto va especialmente dirigido a todos aquellos que cuestionan la historia de nuestro país, sin leerla y perdiéndose el orgullo de pertenecer a un pueblo y a una tierra vieja y noble.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Donde no llegó la Yihad en el siglo VIII


No, no es un disparate.
En el siglo VIII, huyendo de la presión musulmana, el monje Rodrigo de Coimbra se refugió en la cornisa cantábrica lucense, lo más al septentrión que pudo, y fundo allí varios monasterios mixtos de monjes y monjas. De uno de ellos, San Tirso, nos quedan las ruinas.
En una de nuestras exploraciones por el litoral de la Mariña, este verano nos topamos con este fascinante lugar. Está localizado entre el Porto de Morás y Portocelo y bien vale una paciente búsqueda por las carreterillas que bordean del mar.
Rodeado de acantilados al norte y al este, del resto le separaba una pequeña muralla con foso.

Quizás porque su aislamiento lo hiciera insostenible, lo cierto es que, en algún momento del tiempo, el monasterio dejó de existir y se transformó en ermita que ha subsistido hasta el siglo pasado.


Creo que estas fotos hablan por sí solas. Si vais por allí, afinar el oído pues es posible que, superpuesto al continuo murmullo de los acantilados, todavía escuchéis otro rumor: el de los ancestrales cánticos de los monjes. 





martes, 8 de agosto de 2017

Mi pueblo



Hoy, 10 de agosto de 2017, fiesta de San Lorenzo, es un buen día para escribir este apunte. 
Como dice Josep Pla en Un viaje frustrado, "cuesta mucho desprenderse de los prejuicios localistas". Pero en mi caso no quisiera caer en ese peligro, porque mi amor por San Lorenzo es un amor razonado, sin excesiva dosis de nostalgia.
Yo me confieso amante de mi pueblo. Y con orgullo me declaro gurriato, porque es el lugar de mis primeros años, el lugar donde recibí mis primeras lecciones y donde experimenté mis primeras sensaciones.
Los recuerdos de los paisajes de la infancia son casi imborrables. En realidad, son ilusiones. Luego se sucederán millones de paisajes, más atropellados, de los cuales unos irán empujando a otros y, al final, todos se van desvaneciendo. Sin embargo, los de la infancia están siempre ahí, imperecederos porque forman parte de nosotros mismos. Stefan Zweig, cuenta en El mundo de ayer, que

      Durante nuestra infancia, lo que hemos tomado de la atmósfera de la época y hemos incorporado a nuestra sangre, perdura ya en nosotros y no se puede eliminar.

Pero en mi caso particular, pongo en duda que yo sea acreedor de mérito alguno, viviendo donde he vivido y vivo. Por un lado, a través de mis ventanas penetran cada día el omnipresente cimborrio y las torres monasteriales, en constante mutación de luz y color, según la hora, el día o la estación del año. Por otro lado, tengo siempre cercanos el paisaje del bosque de La Herrería y del pinar de Abantos.
Y fueron mis mayores los que me inculcaran el amor por todo esto. Ya desde mi infancia, mi madrina Matil me contaba algunos entresijos del monasterio y mi padre me llevaba, jadeando, hasta el arca del Helechar y, en verano, a bañarme en la gélida charca de Los Llanillos. Ahora es cuando me doy cuenta de lo importante que son para mi los recuerdos de aquella infancia escurialense.
Después, empecé a bucear en la historia del monasterio y pronto descubrí algo que hoy es bien conocido: Felipe II no era el tan cacareado “demonio del Mediodía” ni había asesinado a su propio hijo, sino que fue humano, familiar y hasta un buen humanista y un gran amante de la cultura y de la naturaleza. Y yo, poco a poco, fui apasionándome por la rica y fascinante simbología encerrada entre los muros escurialenses.
Historia y paisaje, esas han sido y siguen siendo mis dos primeras inclinaciones. La historia, que es, ante todo, rigor, y el paisaje que es el deleite ante la belleza.
Y por todo esto, que es mucho, estaré siempre agradecido a este pueblo de San Lorenzo de El Escorial.

sábado, 15 de julio de 2017

Nacionalismo



Empiezo por decir que siempre he sido precavido ante la sospecha de que el nacionalismo puede convertirse fácilmente en exclusivista y peligroso cuando se traspasan ciertos confines, quizás algo desdibujados, pues desde el saludable amor a nuestras raíces, costumbres y folclore, uno se puede deslizar inadvertidamente hasta el fanatismo ciego de no creer que haya otros mundos fuera del nuestro.
Hace ya muchos años que Stefan Zweig escribía en su Castellio contra Calvino que el nacionalismo es una peste y esto puede sonar duro pero, ahora, desgraciadamente, la lectura de las páginas de actualidad política, nos están convenciendo de que el escritor vienés tenía toda la razón y las dos guerras mundiales lo demostraron hasta la saciedad. Pienso que el prólogo de la citada obra debería ser de lectura obligada para todos los políticos actuales.
Cuando la clase política dominante, desbordada por su ansia de poder inmediato, deja de argumentar con objetividad y, sobre todo, no mira a un futuro más o menos próximo, quizás el de sus hijos o el de sus nietos, entonces es cuando se ve la cara pestilente de un nacionalismo montaraz. Es cuando se cierran los ojos ante las fracturas que se están generando en la sociedad catalana y, por extensión, en la española restante. Y si esa separación brutal y antinatural culminara, entonces las grietas y los recelos inevitablemente se multiplicarían. Eso sin mencionar las consecuencias económicas que todos padeceríamos.
Porque de economía también hay que hablar, pues se intuye que este separatismo feroz viene impulsado en sus orígenes por la idea de que el hermano rico no tiene porqué mantener y soportar al hermano pobre. Ese es, probablemente, el fondo de la cuestión. Las supuestas características diferenciales y culturales, por rebuscadas, no pasan de ser escusas complementarias. 
También echo de menos a algún político de talla intelectual que vaya a Cataluña y les explique a los catalanes que los queremos dentro de España, que históricamente llevamos mucho recorrido juntos y que, incluso, los necesitamos. Pero no veo, por ahora, nadie que pueda tener ese nivel, esa generosidad y esa amplitud de miras.
Vivimos, inequívocamente, tiempos de cooperación, unión y agrupación, no solo ya en España sino en Europa, porque por ahí fuera hay muchos depredadores que están esperando devorar a los pequeños, uno a uno. 
Citamos, nuevamente, a Sweig, sin discusión, uno de los apóstoles significados en la lucha contra la intolerancia, el fanatismo y los nacionalismos. En 1942, afirmaba en su autobiografía El mundo de ayer:
¡Qué absurdas aquellas fronteras cuando un avión las puede superar fácilmente! ¡Qué contradicción con el espíritu de los tiempos que ansía a ojos vistas unión y fraternidad universales!
Aunque algunos puedan pensar que estas llamadas llegan tarde, algo habrá que hacer antes de que se produzca el descalabro, y ello sería bueno, venga de donde venga.

Carta al Director de La Vanguardia, 15/7/17

sábado, 1 de julio de 2017

El Duomo de Siracusa


En Sicilia es normal que el viajero se vea desbordado ante la continua presencia de tantos testimonios culturales, tan cercanos y agrupados, de tal suerte que en esa corta superficie de tierra mediterránea podemos admirar un muestrario de las esencias de la civilización occidental. Y tal concentración puede generar una cierta saturación que nos despiste y que nos llegue a confundir; por eso, tras una estancia siciliana, hay que reposar y releer para sedimentar lo visto y situarlo en su justo posicionamiento.
Ese es nuestro caso, y ahora, pasados unos días, recordamos y recuperamos el verdadero sentido de alguno de los lugares visitados, como, por ejemplo, el Duomo de Siracusa. 
En el centro neurálgico de Ortigia, la pequeña isla de no más de 1 km2, separada por dos puentes del resto de la ciudad. Nos parece casi un milagro que, en tan poco espacio, se pueda condensar un pasado tan intenso. Porque si la historia de Sicilia ha sido apretada y rica como pocas, que decir de la de Siracusa por la que han pasado todas las culturas y civilizaciones mediterráneas que, como bien sabemos, han sido muchas y con notables vitalidades creativas.


Ortigia nos ofrece sorpresa tras sorpresa cuando el visitante deambula por sus estrechas callejuelas por las que aparecen y desaparecen una sucesión de palacetes e iglesias barrocas. Y la mayor estupefacción llega en la plaza central del Duomo, con edificios recién restaurados cuyo color calizo rabioso nos entra por todos los lados. Y entre todos, destacando, la fachada principal de la catedral, igualmente barroca y elegantemente restaurada tras un terremoto. Porque en tierras sicilianas se puede llegar a la saturación de barroco, algunas veces cargante y renegrido hasta el punto de convertirse en decadente.
Ahora bien, todavía nos aguarda otra admiración mayor, cuando entramos en la nave central de las tres que componen el gran templo catedralicio. Tras el barroquismo exterior, por dentro esperábamos encontrarnos más de lo mismo. Sin embargo, ahora vemos un cambio radical de escenario; excepto en el ábside, lo barroco deja paso a la sobriedad impuesta por unas severas arcadas sostenidas por sólidos pilares, detrás de las cuales, en las naves laterales, destacan los impresionantes fustes acanalados dóricos de una anterior templo griego de Atenea sobre el que se levantó el edificio cristiano.


Tras las reconstrucciones de dos terremotos en 1542 y 1693, se rehízo el templo cristiano, yo diría que bajo la protección de la estructura pagana que se mantuvo en pie desde el siglo V aC. Magnífica lección de respeto hacia la precedente historia pagana, durante tantos años enfrentada al naciente cristianismo. Prevaleció la inteligencia y así han llegado hasta nuestros días ambas: la columnas del templo de una divinidad griega que sostiene y envuelve al templo cristiano. Solo los agentes naturales intentaron su destrucción, pero inteligentes arquitectos encontraron la fórmula de la convivencia que ha hecho posible que ambas edificaciones lleguen en pie hasta nuestros días. Una, la más vetusta, envolviendo y protegiendo a la cristiana.



Estamos seguros de que tanto la diosa Atenea como el Dios cristiano estarán complacidos al comprobar cómo, al menos en esta ocasión, los humanos hemos sido capaces de hallar las vías de entendimiento liberador y enriquecedor.   

domingo, 25 de junio de 2017

Capilla Palatina en Palermo


Para un buen viaje, nada mejor que una buena guía, y si el viaje se proyecta a Sicilia, entonces la guía pasa de ser un elemento recomendable a uno imprescindible, y esto lo afirmamos porque Sicilia es, ante todo, una isla intensa, es un trozo de la Italia más profunda, donde el paso de culturas colonizadoras ha dejado tantos testigos que, hoy, todos ellos se aglomeran, entremezclan y hasta se confunden: fenicios, cartagineses, griegos, romanos, bizantinos, árabes, normandos, aragoneses, españoles, los Borbones de Nápoles, Saboya y Austria y, finalmente, las tropas de Garibaldi. Todos pasaron por la antigua Trinacria de los griegos, nombre que aludía a su forma triangular, feraz tierra que, amada y deseada por todos, siempre fue colonizada pero nunca doblegada y que ha conseguido mantener sus esencias tras veinticinco siglos de sucesivas oleadas de amantes, unas veces respetuosos, otras avasalladores y las mas ambiciosos que pretendían la riqueza de sus cereales, el goce de su clima y su posesión estratégica en el centro del mundo mediterráneo, que era casi todo el mundo.
Una amiga nuestra nos dejó una guía escrita por un gallego, Miguel Reyero, que tras dieciocho años de continuas visitas y lecturas sicilianas, se ha empapado de la isla y lo sabe transmitir con una prosa ágil y directa. Y el nos cuenta como hubo un momento mágico en la densa historia siciliana, el de la etapa entre 1060 y 1194, cuando arribaron a las costas sicilianas un escaso contingente de mercenarios normandos acaudillados por un tal Roger “el atrevido”. Y aquí viene el milagro, este Roger cristianizó la isla pero integrando a musulmanes, bizantinos, griegos y latinos mediante un parlamento donde todos tenían su sitio; escuchó sus demandas, repartió poderes y el milagro surgió rozando la quimera de un paraíso incrustado en pleno medievo.


Y en ese paraíso surgió el arte normando o arabo-normando, que sumaba elementos y no excluía nada y en un éxtasis de eclecticismo brotó una joya refulgente: la pequeña capilla Palatina de Palermo. Pocas veces nos hemos sentido tan desconcertados como, cuando tras cruzar el umbral de una discreta puerta, nos hemos visto inmersos en una especie de joyero en el que destellan millones de teselas bizantinas repartidas por cúpulas, ábside, arcadas y muros, que representan escenas del Antiguo y del  Nuevo Testamento. Por debajo de los mosaicos, un zócalo de mármol con incrustaciones de pórfido de temática árabe, lo mismo que el pavimento. Y por encima el fascinante artesonado con mocárabes, quizás con inspiraciones persas. Leemos en nuestra guía que en las cenefas hay inscripciones en árabe que hablan del amor al prójimo, de la felicidad, del respeto, del poder y de la prosperidad.


Y así llegamos al sumun de la luminosidad en el ábside, con figuras y escenas bíblicas presididas por la protectora mirada del Pantocrator omnipresente. Es, desde luego, lugar para el sobrecogimiento, pero también para la oración sincera, si no fuera por las oleadas de turistas atónitos que se suceden ininterrumpidamente. 


Los humanos siempre han buscado la Verdad, con mayúsculas, pero con frecuencia se han contentado con verdades, con minúsculas. Las culturas y, sobre todo, las religiones, no siempre han estado para edificar y confluir sino para destruir y disgregar, por eso la pequeña capilla Palatina de Palermo nos enseña un edificante modelo que ha resistido veinte siglos de guerras, terremotos y vandalismos. Es un modelo de convivencia entre culturas, de ecumenismo y, en definitiva, de entendimiento.
Por todo esto, en nuestra guía se califica a esta capilla Palatina como una de las mayores emociones artísticas que se pueden ofrecer a un atento viajero, no solo en Sicilia sino en toda Europa. Y creo que tiene razón.



domingo, 11 de junio de 2017

José Luis Rodríguez, un artista que sueña lo que pinta


Nuestro amigo José Luis no es un pintor cualquiera, es un hombre que siente su obra y que la vive en cada momento como lo que es, parte de su propia vida. Ahora va a exponer en la Casa de Cultura sobre su visión de Castilla. Y ha escrito unos bellos pensamientos sobre la tierra castellana, que terminan así:

                                          José Luis Rodriguez


viernes, 12 de mayo de 2017

Miguel Servet y Ginebra


El calvinismo no fue sino la radicalización de la reforma protestante. Visto dentro del contexto de su momento histórico, siglo XVI, en el que política y religión formaban un todo inseparable, Juan Calvino, ávido de personalismo, alumbró una nueva tendencia religiosa, una diferente ética cristiana que, con el paso del tiempo, llegó a ser el fundamento de las sociedades capitalistas de buena parte de Europa y Norteamérica. Y así se concibió la sede de ese movimiento, Ginebra, como una “ciudad-iglesia” donde los predestinados serían aquellos que acumulasen bienes y riquezas materiales, mientras que los desheredados de la fortuna quedarían relegados a los ojos de Dios. Se buscaron interpretaciones de determinados textos bíblicos en los que basar esta nueva concepción ética y moral, aunque yo pienso que la simple y directa lectura del Nuevo Testamento, sin rebuscamientos ni retrueques, no admite dudas en el sentido justamente contrario.
Y creo que fueron el personalismo y la ambición los que, prioritariamente, impulsaron a Calvino para distanciarse de Lutero.
No me gusta la Teología por cuanto, desde mi alcance de profano, me parece que suele incurrir en el vicio de perderse en disputas estériles; prefiero la Filosofía moral y ética que también conduce a Dios por caminos más directos y asequibles. Pero las rivalidades en que cayeron todas las fracciones religiosas del siglo XVI y, en general, las de toda la historia de las religiones, no fueron mucho más allá de diferentes interpretaciones de la Biblia y, eso sí, con mucho afán de individualismo en cada caso. Lo malo del asunto es que tantas innumerables disputas costaron muchas vidas.
Aquella radicalización religiosa de la “ciudad-iglesia” ginebrina condujo a que, pocos años después, se dieran muchos destierros de disidentes y hasta 56 ejecuciones, una de las cuales fue la de nuestro Miguel Servet, médico investigador, erudito renacentista y valiente y lúcido teólogo que se opuso a Calvino, quien propicio y permitió su quema en la hoguera tan sólo por oponerse a sus predicaciones teológicas.
Al regresar de una corta estancia en Ginebra, un amigo me manda la foto de un monolito expiatorio, probablemente localizado cerca de la colina de Champel donde fue ajusticiado el sabio aragonés el 27 de octubre de 1553. La leyenda dice así:

HIJOS RESPETUOSOS Y AGRADECIDOS DE CALVINO,
NUESTRO GRAN REFORMADOR
PERO CONDENANDO UN ERROR QUE FUE DE SU SIGLO,
Y FIRMEMENTE COMPROMETIDOS
CON LA LIBERTAD DE CONCIENCIA
SEGÚN LOS VERDADEROS PRINCIPIOS DE
LA REFORMA Y EL EVANGELIO,
HEMOS ERIGIDO ESTE MONUMENTO EXPIATORIO
27 OCTUBRE DE 1903


Por una parte siempre es bien recibida la noble aptitud de reconocer errores históricos, y en España deberíamos tomar buen ejemplo de ello. Pero no deja de parecernos una hipocresía, tratar de camuflar el vergonzoso hecho suavizándolo como “error de su siglo”, porque, en nuestro entendimiento, en aquellos tiempos unos mataban y otros morían, o sea, como siempre.
En 1936 Stefan Zweig escribió un libro bajo el título Castellio contra Calvino; Castellio era un clérigo protestante que había intentado publicar un trabajo a favor de la libertad de pensamiento y contra el fanatismo de Calvino, y en su boca, el autor pone la siguiente frase:

"Matar a un hombre no será nunca defender una doctrina, será siempre matar a un hombre."
Miguel Servet