viernes, 12 de mayo de 2017

Miguel Servet y Ginebra


El calvinismo no fue sino la radicalización de la reforma protestante. Visto dentro del contexto de su momento histórico, siglo XVI, en el que política y religión formaban un todo inseparable, Juan Calvino, ávido de personalismo, alumbró una nueva tendencia religiosa, una diferente ética cristiana que, con el paso del tiempo, llegó a ser el fundamento de las sociedades capitalistas de buena parte de Europa y Norteamérica. Y así se concibió la sede de ese movimiento, Ginebra, como una “ciudad-iglesia” donde los predestinados serían aquellos que acumulasen bienes y riquezas materiales, mientras que los desheredados de la fortuna quedarían relegados a los ojos de Dios. Se buscaron interpretaciones de determinados textos bíblicos en los que basar esta nueva concepción ética y moral, aunque yo pienso que la simple y directa lectura del Nuevo Testamento, sin rebuscamientos ni retrueques, no admite dudas en el sentido justamente contrario.
Y creo que fueron el personalismo y la ambición los que, prioritariamente, impulsaron a Calvino para distanciarse de Lutero.
No me gusta la Teología por cuanto, desde mi alcance de profano, me parece que suele incurrir en el vicio de perderse en disputas estériles; prefiero la Filosofía moral y ética que también conduce a Dios por caminos más directos y asequibles. Pero las rivalidades en que cayeron todas las fracciones religiosas del siglo XVI y, en general, las de toda la historia de las religiones, no fueron mucho más allá de diferentes interpretaciones de la Biblia y, eso sí, con mucho afán de individualismo en cada caso. Lo malo del asunto es que tantas innumerables disputas costaron muchas vidas.
Aquella radicalización religiosa de la “ciudad-iglesia” ginebrina condujo a que, pocos años después, se dieran muchos destierros de disidentes y hasta 56 ejecuciones, una de las cuales fue la de nuestro Miguel Servet, médico investigador, erudito renacentista y valiente y lúcido teólogo que se opuso a Calvino, quien propicio y permitió su quema en la hoguera tan sólo por oponerse a sus predicaciones teológicas.
Al regresar de una corta estancia en Ginebra, un amigo me manda la foto de un monolito expiatorio, probablemente localizado cerca de la colina de Champel donde fue ajusticiado el sabio aragonés el 27 de octubre de 1553. La leyenda dice así:

HIJOS RESPETUOSOS Y AGRADECIDOS DE CALVINO,
NUESTRO GRAN REFORMADOR
PERO CONDENANDO UN ERROR QUE FUE DE SU SIGLO,
Y FIRMEMENTE COMPROMETIDOS
CON LA LIBERTAD DE CONCIENCIA
SEGÚN LOS VERDADEROS PRINCIPIOS DE
LA REFORMA Y EL EVANGELIO,
HEMOS ERIGIDO ESTE MONUMENTO EXPIATORIO
27 OCTUBRE DE 1903


Por una parte siempre es bien recibida una noble aptitud en el hecho de levantar hitos expiatorios que confiesen errores históricos, y en España deberíamos tomar buen ejemplo de ello. Pero no deja de parecernos una hipocresía, tratar de camuflar el vergonzoso hecho suavizándolo como “error de su siglo”, porque, en nuestro entendimiento, en aquellos tiempos unos mataban y otros morían, o sea, como siempre.
En 1936 Stefan Zweig escribió un libro bajo el título Castellio contra Calvino; Castellio era un clérigo protestante que había intentado publicar un trabajo a favor de la libertad de pensamiento y contra el fanatismo de Calvino, y en su boca, el autor pone la siguiente frase:

"Matar a un hombre no será nunca defender una doctrina, será siempre matar a un hombre."

martes, 18 de abril de 2017

Francisca Sánchez

Las historias bonitas que pasan por nuestras vidas, no se si serán muchas, pero sean las que sean hay que atraparlas y disfrutarlas. Y, quizás con su ayuda, mejorar el balance de ese pulso interior, ese forcejeo que todos sostenemos entre delicadeza y barbarie.
Hace ya años frecuentábamos durante las estancias veraniegas una pequeña aldea de Gredos llamada San Martín del Pimpollar. Un día, uno de los vecinos me dijo que, en otra aldea cercana, de nombre Navalsauz, vivían todavía algunos descendientes de un cierto afamado poeta. Me acerqué al lugar pero no obtuve ninguna información, así que pensé que había sido blanco de una pequeña chanza.
Pues bien, ahora después de mucho tiempo, veo una conmovedora película La princesa Paca y en ella se relata como una mujer natural de aquel pueblo, de nombre Francisca Sánchez, se convirtió en el amor de la vida, en la compañera inseparable de Rubén Dario y con ella tuvo tres hijos, uno de los cuales volvió por Navalsauz. 
A pesar de que procedían de estratos sociales muy distantes, él la enseño a leer y ella fue su compañera inseparable. Esta es, sin duda, una historia bonita y por ello la he atrapado y os la cuento.
Este fue el último poema que Rubén Darío dedicó a Francisca: 

          Ajena al dolo y al sentir artero, 
          llena de la ilusión que da la fe,
          lazarillo de Dios en mi sendero,
          Francisca Sánchez, acompáñame...

          En mi pensar de duelo y de martirio
          casi inconsciente me pusiste miel,
          multiplicaste pétalos de lirio
          y refrescaste la hoja de laurel.

jueves, 6 de abril de 2017

Cafetín Croché


Dicen que a los amigos hay que cuidarlos día a día; yo, por Mari Cruz y Manolo poco puedo hacer. Tan solo esta pequeña muestra de agradecimiento por sus muchas atenciones.

sábado, 11 de febrero de 2017

Santa María de Moreruela (Zamora)

Lo que siempre permanece.
Nada hay más hermoso que las ruinas de un templo hermoso.




Llevado de ese insaciable apetito por conocer lugares nuevos, de repente, como por arte de magia, estábamos frente a las ruinas del monasterio cisterciense de Santa María de Moreruela, en plena Tierra de Campos.

Cenobio del siglo XII, caos de vestigios arquitectónicos donde todavía se alza enhiesto el ábside que, visto desde fuera, presenta tres pisos, el inferior con siete capillas alojadas en sus correspondientes absidiolos. Prototipo de arquitectura cisterciense donde predomina la austeridad y la sencillez, con escasas concesiones ornamentales que no sean las de algún que otro capitel, ménsulas o arquivoltas, que andan por el suelo esparcidos. Reina la sobriedad que se funde con la naturaleza que la envuelve.
También pasó por aquí el torbellino de la Desamortización en 1835. Lo que hoy queda son sillares que resisten empecinadamente contra la lluvia, la cellisca, el hielo de los amaneceres zamoranos y, tal vez, el más indomable de todos los enemigos: el paso del tiempo. Porque estas insignes piedras llevan aguantando el olvido cuestión de siglos y, a lo que parece, no sé qué misterioso escudo las protege, puesto que aún se muestran altivas. ¿Será que están todavía protegidas por una capa del misticismo impregnada al cabo de los siglos de fervor cisterciense?
Porque aquí, entre los zarzales que trepan por lo que fue claustro de silencios, entre las higueras que se retuercen en el antiguo huerto y sobre las basas de columnas que denuncian la ausencia de fustes, deben flotar todavía  espíritus protectores que cuidan de estas doloridas ruinas. ¿Qué fuerza sostiene todavía en pie a este orgulloso ábside? Insondable misterio, difícil de desvelar.


La iglesia con su ábside y el claustro del que solo quedan ya las losas desgastadas, se nos ofrecen ahora arropados por los cantos de los pájaros, las lagartijas regateando por los muros y las hierbas silvestres campando a su aire, mientras en las alturas de los viejos olmos y chopos se cobijan las garzas reales y en lo alto de la espadaña mantienen orgullosas sus nidos las cigüeñas. Es como si la naturaleza, consciente de la ingratitud del olvido, acudiera prestamente a cuidar de lo imperturbable, de todo aquello que, probablemente, ya no se derrumbará nunca.
En pocos lugares he palpado tan intensamente esta comunión entre naturaleza e historia, que aquí se tienden la mano, en medio de un penetrante silencio.
Y, ¡cómo no!, por aquí también pasó en su constante peregrinaje Miguel de Unamuno, en un Domingo de Resurrección, allá por 1911. Y aquí, inspirado por las piedras de este viejo monacato, reflexionó sobre cosas trascendentes, confesándonos su ya inveterada pasión por la quietud y la calma: solamente en el agua estancada pueden brotar las flores, escribía, probablemente pensando en aquellos monjes cistercienses que, entre estos muros quietos, muy quietos, dialogaban con Dios.
Y también aquí, quizás a la intemperie y en la desolación, pero con su proverbial templanza, don Miguel debió escuchar la voz de su Dios inasible cuando clamaba en su verso: Si me buscas es porque me encontraste.
Cuando nos marchábamos declinaba el sol; estábamos detrás del ábside que jugaba al contraluz con los arreboles vespertinos, filtrándose a través de los ventanales, mostrando vivo todavía el último resplandor crepuscular. 
Y a este seguirán muchos otros resplandores crepusculares. Y es que aquí, en Moreruela, es verdad que la eternidad se ha hecho dueña y señora del lugar y desafía al paso del tiempo.

(De mi libro Vivencias)


lunes, 2 de enero de 2017

Carta a los Magos de Oriente


Mis muy queridos Reyes Magos:                                                  

A estas alturas, a escribiros esta carta solo me puede empujar el amor que os profeso, quizás algo irracional, que tiene mucho de gratitud, de reconocimiento mezclado con nostalgia y cuyo origen no puede ser otro que el recuerdo de aquellos años de infancia en los que esperaba vuestra llegada con la nariz pegada al cristal de la ventana por donde mi madre me aseguraba que apareceríais con vuestro preciado cargamento.
Era aquel el único día del año que se me permitía entrar en la cama de mis padres para disfrutar allí de todo el arsenal de ilusiones que, vosotros, con vuestra probada generosidad, depositabais en el balcón de mi casa madrileña. Balcón, que a mí se me antojaba demasiado estrecho para alojar tanta felicidad.
Aquello fue el arranque de una vida feliz. Sí, la felicidad es un inestimable tesoro que llega a ser una necesidad perentoria, aunque haya quien sostiene que solo la logran los imbéciles. Dicen que en sus últimos años, Borges se lamentaba de que su mayor pecado había consistido en no haber sido feliz. Y fuisteis vosotros, mis queridos Magos, los que, bien temprano, me enseñasteis el camino hacia esa felicidad, el camino de lo sencillo, porque me mostrasteis que, con poco, se puede lograr mucho.
Por señalarme entonces esa gran verdad, os quiero y os seguiré queriendo por siempre. Y por eso os seguiré siendo fiel, aunque ahora os hayan surgido algunos competidores, esos gordezuelos de sonrisa insípida y trajes horteras de colores chillones que aseguran llegar por aquí montados en trineos. O aquellos otros que se descuelgan por las chimeneas sin apenas mancharse sus trajes impolutos. ¿Quién puede creerse semejantes patrañas?
Tan solo una reivindicación quisiera manifestaros. Observo que después de tantos años repartiendo regalos, veo a mi alrededor que hay ahora, todavía, muchos niños que se quedan sin nada, que no tienen ni siquiera la oportunidad de aquel destartalado tren de hojalata de marca Payá, fabricado en Alicante, que a mi me absorbió durante tantas tardes a la salida del colegio.
Gracias por todo, queridos Magos. Este año os pediré, de nuevo, un trencito de hojalata, algo que me renueve la ilusión para los siguientes 365 días y, como de costumbre, os esperaré con la nariz pegada a la ventana como cada Navidad.
Ah… y os lo pediré para todos los niños del mundo.

Siempre vuestro.

         

lunes, 26 de diciembre de 2016

Remachar


En un articulo de Javier Cercas de El País Semanal de 18.12.16 se dice que un tal David Foster Wallace definía a la actual sociedad norteamericana como una sociedad tiranizada por la frivolidad de los medios y la industria del entretenimiento, y rendida al imperativo de la satisfaccióń inmediata. 
Confieso que no se puede decir mas en menos palabras y que tal definición me eriza los pelos de espanto, en parte debido a lo que me identifico con ella. Y me pregunto ¿y nosotros, que? Y me respondo, pues nosotros vamos detras, copiando los defectos pero sin la dinamica e indudable creatividad de una sociedad joven como la norteamericana.
La cultura de la abundancia de ofertas para pasar el tiempo de manera facil e inmediata esta anulando a la del esfuerzo que exige una profundizaćíóń y que se continua, por lo general, con una reflexion pedagogica. Tengo la sensacióń´de que es como si estuvieramos en medio de un tornado que nos rodea, pero, eso si, complacientes y complacidos.
A veces uno se empeña en remachar lo tantas veces sabido y experimentado, pero no lo puedo evitar.


viernes, 23 de diciembre de 2016

Agradecimiento


A fin de cuentas, los libros son como las personas que nos rodean; de la inmensa mayoría aprendemos, y con algunos de ellos sentimos una sintonía muy especial. Este es mi caso con este libro


Fue publicado por el R. C. Mª Cristina, en San Lorenzo del Escorial, en 1996. Desde entonces ha sido mi compañero fiel, que me ha mostrado las sendas y trochas valiosas para no perderme. 
Mi gratitud hacia los que tuvieron en su día la idea de esta recopilación de textos.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Niños de Alepo




Acabo de ver en la red un estremecedor vídeo sobre Alepo, la ciudad siria que está sufriendo estos días. Y he recortado este trozo en el que se aprecia la mirada compungida de una criatura que ha perdido a sus padres.
Lo comparto con vosotros porque confieso que la asimilación de esta tragedia es demasiado fuerte para mi solo.
Y para ver si entre todos, en estos días tan significativos, se nos ocurre algo para remediar tanto dolor.

martes, 29 de noviembre de 2016

Viaje a Bélgica


Tras el regreso de una corta escapada por tierras belgas, hemos puesto en orden nuestras impresiones y nuestras fotos. Y nos ha dado cierta pena sentir que, después de la dilatada presencia española en tierras de Flandes, unos 150 años, no abundan precisamente los recuerdos e, incluso los testimonios que permanecen, no son demasiado conocidos.
Un interesante documento del Instituto Cervantes de Bruselas, "Recorrido histórico español por el centro de Bruselas", nos animó a recuperarlos y ponerlos en estos dos vídeos, uno dedicado solo a Bruselas y el otro a las ciudades de Amberes y Brujas:

https://www.youtube.com/watch?v=miThLG8qth8&t=24s

https://www.youtube.com/watch?v=C8o106L7jbQ&t=28s

Con el ánimo de que sirvan para mejorar la aproximación entre dos pueblos que estuvieron tanto tiempo unidos, ahí os los dejo por si queréis echarles un vistazo y que os sirvan para vuestra próxima visita a esas ciudades.

jueves, 27 de octubre de 2016

Reivindicando la proximidad


En estos tiempos de consumismo, de caducidad pronta, de cambio continuo y de una temporalidad que no siempre genera felicidad, resulta difícil vivir sin los recursos que la filosofía nos aporta.
Ahora que estamos retirando esta asignatura de las aulas, para no restar tiempo "útil" al aprendizaje de tecnicismos, puede que empecemos a echar de menos el manto protector de la filosofía. Menos mal que, de vez en cuando, aflora en la prensa o en la literatura algún filósofo que se descuelga con reflexiones que nos parecen simples pero que pueden sacudir nuestros cimientos. Son, por lo general, personas que todavía viven de esta admirable disciplina y la practican, y se atreven a proponernos recetas sencillas que nos ayudan en nuestro atribulado discurrir cotidaneo. 
Este es el caso del profesor barcelonés J. Mª Esquirol, que en su reciente y premiado libro La resistencia íntima (El País, 26.10.2016), nos dice cosas como estas:

La casa no debe entenderse solo como una construcción arquitectónica, sino como amparo, protección, intimidad, una respuesta a esa intemperie en la que estamos; intemperie física pero también metafísica; esa falta de sentido a la vida.

Ahora que hemos perdido la confianza en lo duradero, en lo sustancial, y andamos dando palos de ciego en el día a día, para encontrar ese sentido a la vida lo cual puede ser una tarea ímproba. 

Lo íntimo equivale en mi caso a lo próximo, reivindico las cosas muy cercanas, las personas y los paisajes, cosas concretas, no abstracciones; toda la proximidad hace concreción. Todo en una sociedad que parece muy materialista, pero que está plenamente inmersa en la abstracción; por ello hablo también de abrazar; dar la mano o acariciar son gestos de una riqueza indiscutible; todo es supceptible de banalizarse, pero un buen abrazo no tiene sustituto.

Un buen abrazo es eso, un abrazote, y eso es lo que yo les doy a mis amigos cada dia que me comunico con ellos; algunos no me entienden y se sonrien, pero es mi forma de reivindicar la proximidad.
Igual ya no es tan necesario un viaje a Cancun o lo último de Armani, y lo podemos sustituir por un hogar acogedor, un buen libro de filosofía e ir repartiendo abrazotes a los amigos que se dejen.


miércoles, 12 de octubre de 2016

La Novena de Beethoven


Ahora me doy cuenta que toda mi vida ha estado influida por vivencias musicales, intermitentes, intensas, fluctuantes según los altibajos de ánimo de cada momento. Pero han sido siempre excelentes compañeras, que es lo que importa, y ahora soy capaz de revivir y volver a disfrutarlas porque, paradójicamente, pertenecen a un pasado que siempre está presente.
Y la primera de todas esas vivencias y que aún hoy perdura, fue cuando escuché la Novena de Beethoven. Calculo que yo andaría por los catorce años y me brotaron unas persistentes anginas que me obligaron a estar en cama varios días. Mi muy querida madrina Matil, como siempre solícita para complacerme, me preguntó que quería de regalo. No sé de donde me vino la referencia pero la dije que se acercara a la única pequeña tienda donde tenían algunos vinilos y me comprara un disco de la Novena. Ella fue y regresó con su pícara sonrisa y una inquietante pregunta sobre qué versión quería: ¿cantada o bailada?
Tras aquel fracaso inicial, por fin conseguí hacerme con una brillante versión de Karajan que era lo mejor que se podría encontrar por entonces. Aquel progreso lo completaron los Reyes Magos de 1954 con un flamante tocadiscos Dual que hizo mis delicias, a pesar de que mi madre introdujo el altavoz en la fregona, eso sí con dulzura, como la hacen todas las madres. Pero aquel altavoz sobrevivió y fue capaz de deleitarme repetidamente con los conciertos 1 y 2 de Chopin y otros vinilos que, lentamente, se fueron incorporando a mi modesta colección.
Con el paso del tiempo se han ido sucediendo el Nº 1 para piano de Brahms, la Missa Solemnis de Beethoven, cuyo Agnus Dei me hizo llorar, la Pasión según San Juan de Bach, la Flauta mágica y el Requiem mozartianos, la Creación de Haydn, los preludios de Chopin, incluido el de la Gota de Agua, y tantos otros.
Imposible enumerar todas aquellas composiciones que me han conmovido a lo largo de mi vida y declaro abiertamente mi gratitud a todos los que han contribuido a este bienestar musical. Puesto de honor ocupará siempre mi tia Conchi, gran intérprete pianística, cuyas notas desgranadas de Asturias de Albéniz todavía resuenan en mis oídos. Todo ello sin olvidarme de Matil que espoleó mis primeras inquietudes musicales, y de mi madre que puso a prueba la calidad de los altavoces Dual.
Pero con obligada cautela, puedo decir que la Novena de Beethoven, sigue ocupando puesto de honor, cronológicamente y emocionalmente. Me sigo extasiando con su 4º tiempo, estallido final de plenitud y confianza en el ser humano y, por detrás de la resonancia coral, me parece escuchar los versos de Schiller:

Buscadlo por encima de las estrellas
Allí debe estar su morada

PD. Comparto con vosotros mi última audición de la Novena, dirigida por Ricardo Muti y la Sinfónica de Chicago:



domingo, 9 de octubre de 2016

José y Elieta. Verano del 36


Husmeando en el altillo donde se guardan las ropas fuera de temporada, los artilugios ya pasados de moda y un montón de cosas inservibles, encontré hace unos días una caja de cartón con unas cartas antiguas envueltas en plástico, cruzadas entre mi tío José y su joven novia Elieta. Todas ellas en papel amarilleado por el tiempo y con tintas ya desvahidas, con una caligrafía muy de la época y, eso sí, todas con una cuidada redacción. Cuando las abrí y comencé a leerlas, me latía fuerte el pulso porque tenía la sensación de que estaba profanando un espacio sagrado que seguía siendo íntimo al cabo de tantos años.
Cuando sucedieron los hechos en el mes de julio de 1936, José apenas tenía veinticuatro años de edad y era teniente en el Regimiento Galicia nº 19 de guarnición en el Cuartel de la Victoria, en las afueras de la ciudad de Jaca. Elieta era la hija del coronel y no llegaba entonces a los veinte años. Y eran novios.
Al día siguiente de aquella infausta fecha del 18 de julio, José formaba parte de una patrulla que salió hacia la ciudad para proteger a los militares que pernoctaban aquella noche fuera del cuartel y en la mitad del trayecto, a la entrada, en una fábrica de harinas, fueron sorprendidos en una emboscada, muriendo los mandos y ocho soldados. 
En un tiempo menor que el de un relámpago, una bala atravesó la cabeza de José y en un tiempo menor que el de un relámpago, se frustraron todas sus ilusiones y se zarandeó con inusitada violencia la vida de la joven pareja.



viernes, 23 de septiembre de 2016

Test sobre el sentido del humor


¿Existe alguna cualidad más representativa, saludable y reconfortante en el ser humano que la del sentido del humor? Creemos que no. Habrá sus excepciones, no lo discuto, pero no pienso que haya mucha gente por estos mundos que, siendo agraciados con este atributo, a la par no estén dotados de una inteligencia y perspicacia por encima de la media. 
El sentido del humor es una valiosa dote que uno debe cuidar y potenciar, intentando preservarlo de los rejonazos que suele dar la vida. Nada más placentero que disfrutar de esas personas, incluso de avanzadas edades, que sonrien en cada situación, que salpican sus discursos con chanzas humorísticas y que disimulan y hasta ocultan sus pesares y amarguras. Habrá calamidades y preocupaciones, pero no se airean, porque su buen humor es como un fogonazo que apaga, o minimiza, los posibles sinsabores de la trastienda. 
Yo recuerdo con sana nostalgia los tiempos de mi juventud en IBM, en los que tuve la fortuna y, quizás la habilidad, de compartir muchas situaciones humorísticas lideradas por auténticos genios en esta materia. Mario, Guillermo, Miguel, Juanjo, Luis, Enrique, José Luis... eran personajes que nos alegraban constantemente con sus chispas jocosas, con inagotables dosis de un ingenio elegante, aséptico y sagaz. Afortunadamente hoy siguen practicando este juego de agudezas y seguimos sonriéndonos con sus espontáneas ocurrencias.
En agradecimiento a todos ellos y, en general, a todos los que se esfuerzan por hacernos la vida más fácil, no he encontrado mejor forma que la de transcribir esta cuarteta que me pasa José Luís, escrita ya hace años por Alfonso Usía para la Convención de IBM en Estambul. Su irreverente encabezamiento es "Mal de orina":

Sin estudiar medicina
se sabe con evidencia
que la retención de orina,
es una fuerte dolencia.
Era uno que se quejaba, 
de esta grave enfermedad 
y su mujer le exhortaba, 
a tener conformidad 
¡Acuérdate -le decía- 
lo que el Santo Job pasaba 
y cuánto el pobre sufría!
Y el marido respondía
¡De acuerdo… pero meaba!

Confieso que os he engañado, pues esto no es sino una sutil añagaza para calibrar vuestra actual capacidad humorística. Dicho sea de otra forma, se trata de un test encubierto: si os habéis sonreído a la lectura de estos breves versos, es que vuestro humor al día de hoy, presenta un buen estado de salud y un cierto potencial. Caso contrario, ir pidiendo hora para un buen psicoterapeuta (que es lo que está de moda).
En vuestro beneficio y en el de los que os rodean.

lunes, 15 de agosto de 2016

Resiliencia


Confieso mi ignorancia, reconociendo que, cuando he leído estos días el magnifico artículo dedicado a cómo superar los "dramones" que todos hemos de afrontar alguna vez en nuestras vidas (suplemento Buena Vida de El País), me he visto sorprendido ante la palabra resiliencia, teniendo que acudir al diccionario.
Y ahora veo claro que este es un vocablo necesario, de los que reflejan una eventualidad que, desgraciadamente, suele aflorar de vez en cuando en nuestras vidas. Casi inseparable de la condición humana.  
Yo desconocía este nombre y la RAE me sacó de dudas. Recomiendo la lectura del mencionado artículo, porque no tiene desperdicio, limitándome aquí a destacar solo dos aspectos: cuando surge la adversidad, es fundamental asumir la realidad así como rodearse de personas, familiares o amigos que, de manera consciente o, incluso, incoscientemente, puedan ayudarnos a sobrellevar el percance.
Una cierta dosis de resiliencia va con nosotros, geneticamente, pero siempre será recomendable entrenarse para cuando llegue el caso. Y si no llega, mejor.
Poco queda por añadir a las ajustadas observaciones contenidas en ese escrito. Pero, para los creyentes, quizás nos quede por decir que siempre será bueno contar con la ayuda de 
Dios. Esa mención es lo único que yo, personalmente, he echado de menos.  

Ah... y sobre el mismo tema, os ecomiendo también la siguiente lectura:

http://www.lavanguardia.com/vida/20121120/54355244814/eres-resiliente.html