En los años que yo andaba mas despistado de lo habitual tras una ruptura matrimonial, me refugiaba buscando caminos y no se que más, por las serranías de Gredos. Descubrí entonces una pequeña pedanía, Navalsaúz, cercana al pueblo donde nos alojábamos, San Martín del Pimpollar, perteneciente a la provincia de Ávila.
El pueblo no ofrecía mayor interés que el paisajístico, salvo que en el centro descubrí una modesta casa con una extraña placa.
Y digo extraña porque era una invitación a indagar algo sobre quien había sido la tal Francisca Sánchez y que había representado en la vida de Rubén Dario. Y me encontré con una faceta amorosa poco conocida por aquellos años, hoy día ampliamente divulgada en las distintas biografías del poeta nicaragüense. Tras una azarosa trayectoria en cuestión de mujeres, éste parece ser que fue el postrer enamoramiento con una bella española, fiel y discreta que le acompañó hasta el final y a la que dedicó unos sentidos versos
"Rubén Darío y Francisca Sánchez» de
Francisca Gervasia Sánchez del Pozo fue el nombre de «la esposa española de Rubén Darío», tal como la denomina Rafael Azuar (cuando la conoció en Madrid, en 1899, el poeta nicaragüense estaba casado en Nicaragua con Rosario Murillo, en segundas nupcias, tras la muerte de Rafaela Contreras). Francisca fue la fiel compañera que, profundamente enamorada del poeta, supo vencer los prejuicios sociales de la época para acompañar a Rubén. Vivieron juntos diecisiete años, repartidos entre Madrid, París y Barcelona, y fruto de la relación nacieron cuatro hijos, de los que solamente sobrevivió uno, Güicho.

IFrancisca, hija del jardinero que cuidaba los jardines reales de la Casa de Campo, era analfabeta; el propio Rubén le enseñaría a leer y escribir, y ella terminaría siendo conocida en los ambientes literarios de París, por su belleza y su entrega amorosa al príncipe de la poesía moderna en español, como «la princesa Paca». Rubén le dedicó uno de sus poemas, «A Francisca», que no llegó a ser recogido en los libros publicados en vida del poeta, pero que está fechado el 21 de febrero de 1914. Este es el texto de la composición, cuyos versos se reparten en seis breves secciones (de ellas, la última es la más conocida y citada):
Francisca tu has venido
en la hora segura
la mañana es oscura
y está caliente el nido.
Tú tienes el sentido
Alma pura, alma franca,de la palabra pura,y tu alma te asegurael amante marido.Un marido y amanteque, terrible y constante,será contigo dos.Y que fuera contigo,como amante y amigo,al infierno o a Dios.IIFrancisca, es la alborada,y la aurora es azul;el amor es inmensoy eres pequeña tú.Mas en tu pobre urnacabe la eterna luz,que es de tu alma y la míaun diamante común.III¡Franca, cristalina,alma sororal,entre la neblinade mi dolor y de mi mal!
alma obscuray tan blanca…Sé conmigoun amigo,sé lo que debes ser,lo que Dios te propuso,la ternura y el huso,con el grano de trigoy la copa de vino,y el arrullo sinceroy el trino,a la hora y a tiempo.¡A la hora del alba y de la tarde,del despertar y del soñar y el beso!Alma sororal y obscura,con tus cantos de España,que te juntas a mi vidarara,y a mi soñar difuso,y a mi soberbia lira,con tu rueca y tu huso,ante mi bella mentira,ante Verlaine y Hugo,¡tú que vienesde campos remotos y ocultos!IVLa fuente dice: «Yo te he visto soñar».El árbol dice: «Yo te he visto pensar».Y aquel ruiseñor de los mil añosrepite lo del cuervo: «¡Jamás!».VFrancisca, sé suave,es tu dulce deber;sé para mí un aveque fuera una mujer.Francisca, sé una flory mi vida perfuma,hecha toda de amory de dolor y espuma.Francisca, sé un ungüentocomo mi pensamiento;Francisca, sé una florcual mi sutil amor;Francisca, sé mujer,como se debe ser…Saber amar y sentiry admirar como rezar…Y la ciencia del viviry la virtud de esperar.VIAjena al dolo y al sentir arterollena de la ilusión que da la fe,lazarillo de Dios en mi sendero,Francisca Sánchez, acompañamé…En mi pensar de duelo y de martiriocasi inconsciente me pusiste miel,multiplicaste pétalos de lirioy refrescaste la hoja de laurel.
Ser cuidadosa del dolor supistey elevarte al amor sin comprender;enciendes luz en las horas del triste,pones pasión donde no puede haber.Seguramente Dios te ha conducidopara regar el árbol de mi fe;hacia la fuente de noche y de olvido,Francisca Sánchez, acompáñame…
Por aquellos años, confieso que estos versos me conmovieron y me parecieron como un susurro de aquello que uno quisiera escuchar y sentir en los momentos difíciles de la vida,
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En una de las biografías de Rubén Dario se lee:
"Enteramente inquieto e insatisfecho, codicioso de placer y de vida, angustiado ante el dolor y la idea de la muerte, Darío pasó frecuentemente del derroche a la estrechez, del optimismo frenético al pesimismo desesperado, entre drogas, mujeres y alcohol, como si buscara en la vida la misma sensación de originalidad que en la poesía o como si tratara de aturdirse en su gloria para no examinar el fondo admonitor de su conciencia. Este "pagano por amor a la vida y cristiano por temor de la muerte" fue un gran lírico ingenuo que adivinó su trascendencia y quiso romper con las rutinas e imposiciones de la tradición literaria de España y América."
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